lunes, 25 de noviembre de 2019




      En el balcón del primero de la plaza del chocolate en Son Gotleu hay una bicicleta candada, en la plaza gris se sientan dos negros, me desafían con ojos cansados que me revelan que se les agotó la esperanza. Se pasean desorientadas las putas de 20 euros y un completo. Un musulmán espera al frente de su tienda con aire de loco y a su lado una mujer menuda lo mira con un shador tapada.

Esta noche se regalará un chocolate a los vecinos  y se encenderán las luces de navidad, y  se bañará la plaza con arcoíris de colores, paradoja de luz y color en un barrio gris, triste y sucio, corrupto en fantasías en mentiras y en luces.

No duelen los oídos cuando el silencio es inevitable, no duele el tacto cuando alguien ya no está. No duele la vista cuando se han apagado las luces. Duele la miseria y el desamparo, duele la soledad, duele la espera interminable.

En el barrio de Son Gotleu, como Cardone, siguen esperando a un Ulises que no llega y nosotros, Penélopes, seguimos tejiendo la mortaja, como siempre, con los ojos cerrados.