Largo camino a Itaca
lunes, 25 de noviembre de 2019
En el balcón del primero de la plaza del chocolate en Son Gotleu hay una bicicleta candada, en la plaza gris se sientan dos negros, me desafían con ojos cansados que me revelan que se les agotó la esperanza. Se pasean desorientadas las putas de 20 euros y un completo. Un musulmán espera al frente de su tienda con aire de loco y a su lado una mujer menuda lo mira con un shador tapada.
Esta noche se regalará un chocolate a los vecinos y se encenderán las luces de navidad, y se bañará la plaza con arcoíris de colores, paradoja de luz y color en un barrio gris, triste y sucio, corrupto en fantasías en mentiras y en luces.
No duelen los oídos cuando el silencio es inevitable, no duele el tacto cuando alguien ya no está. No duele la vista cuando se han apagado las luces. Duele la miseria y el desamparo, duele la soledad, duele la espera interminable.
En el barrio de Son Gotleu, como Cardone, siguen esperando a un Ulises que no llega y nosotros, Penélopes, seguimos tejiendo la mortaja, como siempre, con los ojos cerrados.
martes, 25 de abril de 2017
PARADIGMA
Creemos que el tiempo nos dará la razón. Que pondrá las cosas en su sitio. Creemos que somos parte de una línea contínua dentro de un pedazo de la historia.
Pero Dios ha muerto. La razón ha muerto. Y ya no se le espera.
El campo está lleno de despojos que nos señalan con un dedo.
No hay evolución ordenada. No hay causa y efecto. No hay destino en las estrellas. Somos nada más que un presente permanente. Una conjunción de posibilidades. Una casualidad .
Nos reordenamos en nuevos paradigmas. Paradigmas creados por otros para enseñarnos el camino a la felicidad a base de descuentos y rebajas en materiales inorgánicos. Necesidades inculcadas. Valores aprendidos y reiterados. Y seguimos. Amansados.Limitados.Amorfos.Ciegos.Transformados en instrumentos. En discursos disciplinados. Por el orden. Por la historia. Por la razón. Por la ciencia.
Hoy me rebelo.
Quiero aspirar de un soplo el aire que se cuelga en mis jazmines.
Recuperar la foto del cajón de mi lavadora.
Dejar mi reloj sumergido en la bañera.
Ser fea, guarra, mala, vulgar y hortera.
Quiero lamerte entero muy despacio.
Amarte con el odio más puro por tu ausencia.
Avistar los secretos sucios que se cuelan por otras ventanas.
No voy a escuchar las lecciones aprendidas. No voy a desearte suerte. No voy a aplaudir tu pantomima. Hoy me rebelo a la rutina que me dibuja las horas, a las obligaciones recordadas bajo palios.
Hoy quiero echar a volar contigo
PIXELES
Se enredaron, esculpiendo palabras que inventaban nuevas métricas acompasadas al ritmo de una pasión que surgía, entre ritmas asonantes e imágenes encriptadas. Era quizá ese tiempo en que ambos estaban ya cansados, la edad indefinida en la que el presente es la repetición del cada día, en donde las obligaciones son las que dibujan los nuevos días.
Allí fusionando palabras e imágenes se encontraron y consintieron en la entrega. Renegaron del mundo y su realidad razonada, de las verdades adquiridas en discursos reiterados y de cualquier versión que desdibujara un ápice la historia creada. Ellos se reinventaron en dicciones y puntos suspensivos.
Cada noche afilaban las letras que descomponían silenciosamente a golpe del teclado. Aspirando los suspiros que exhalaba su nuevo lenguaje, echaron al vuelo. Ella perlada en su mundo mágico de poesía lujuriosa reiterada.Él arrastrando fotos, dibujando nuevas imágenes cinceladas en fotografías viejas y videos descompuestos por un móvil 3G.
Torturados por el plasma en las que no permitía el contacto, ni el aroma cromático de sus pestañas azuladas, se descomponían inventando en cada nota una nueva manera de decir te quiero. Y eso era todo, o casi todo o casi nada. Porque su piel no reconocía otros olores que los viejos. Los mismos pasos, las mismas fotos, la misma mesa de teka donde él se sienta a cenar acompañado, la cocina amarilla dónde ella inventa una nueva receta de un pastel de cumpleaños. Esperan con miedo, con las mudas limpias, las maletas hechas el día azul o negro.
Las hojas sin embargo seguían cayendo, amontonadas en los capós de coches olvidados contaban el tiempo. Los nuevos colores tamizaban el hambre insatisfecha, el reclamo de las letras, y el anhelo al que se agarran ingrávidas promesas susurradas bajo el teclado
Hicieron cuatro planes de vuelo, pero estáticos descomponían las horas y los días en aviones que nunca tomarían. Quizá no importaba, era suficiente la pantalla empañada de madrugada, cuando sabiéndose desahuciados jadeaban con la imagen de su mano rompiendo el pezón izquierdo, la boca hambrienta que mostraba la lengua y lamía el muslo, el placer que tiritaba ante la golosa mirada que se exigía oler su coño. Los píxeles de madrugada vomitaban los suspiros en un orgasmo ingrávido y completo. Ella imaginaba un hombre que no existía, y él se rehacía de su aburrimiento que le espoleaba cada tres meses en buscar nuevos motivos. Quizá fuera amor después de todo. Y además tampoco importaba.
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viernes, 21 de agosto de 2015
Te odio y te quiero
Lo vomité
todo. El pastel de mis treinta y siete cumpleaños, la paella ciega de
carne y marisco de can juanito, el vino amarillento verdejo con aroma a piña,
el reloj que me regalaste por mi cumpleaños, el chop suey de pollo con
garbanzos que te hice en casa una noche que llovía de los restos de mi nevera
inerte. Todo iba saliendo de mi boca a cachos troceados y con el tufo que hace
todas esas palabras que se esconden demasiado tiempo y se han descompuesto en
rencor y podrido en amargura. Así salieron todas esa mañana a borbotones,
mientras tus ojos se abrían asombrados ante mi retahíla de palabras que
atravesaban tu cáscara sin que me importara un bledo si te dolían. Mi madre
siempre me dice que todo se pega menos la hermosura, será quizá por
eso.
Y así seguimos dando tumbos
tú y yo. Desencantados de nosotros mismos, intentando desanudar este nudo
gordiano que nos aprisiona y del que no queremos soltarnos, vamos así lanzando
palabras con furia para ver quien es capaz de llegar más lejos y quién cae más
bajo. La escala de humillaciones la hemos dilatado tanto que este ring se ha
convertido en un formidable estadio olímpico. Y gracias a eso hay que reconocer
que nos hemos convertido en consumados atletas de triatlón ante tanto
entrenamiento. Más que un terapeuta necesitamos un fisio para que pueda
desentumecer todos los músculos que tenemos agarrotados e insensibles de los
cañonazos.
Sinceramente habría que
repasar nuestra historia. Después de esas mariposas que revoloteaban por debajo
del diafragma y que me hicieron adelgazarme siete kilos. Después de nuestras
primeras citas en el bar de Carlos, todo fue siempre absolutamente nefasto.
Quizá la culpa fue mía por creerme los culebrones de sobremesa de la 1,
hastiada de la vida soporífera e indolente que llevaba, vi en ti al galán- jose
alberto manuel- de turno, al que despertarías -yo loba dormida - sus instintos
más bastos. Soñaba en cabalgarte como un jinete todas las noche, hartarme de
tanto sexo indecente, obsceno y guarro. Me llegaste hasta el esternón pasando
por la clavícula izquierda, y abriéndome el pecho en dos partes del que me
queda una cicatriz larga y abierta que no logra cauterizarse. Y me harté de
tanto esperar que despertaras del sopor que te tenían los antidepresivos y de
tu manía de joderme mi entusiasmo. Uno mas uno no hacen dos, como dice el
poeta. Ya no me quedan nudillos de tanto llamar a tu puerta para pedir una
tregua.
Quizá tuviste
miedo. Yo loca escalaba los peñascos sin ninguna cuerda donde agarrarme. Así
que la caída fue larga y me desmembró todos los huesos del peroné hasta el
omoplato. Ya está, se acabó, pensé yo, mil veces yo. Otra vez yo. Ya está se
acabó. Pero sólo habíamos conmutado la frustración que llevábamos porque nunca
supimos querernos. Así que empezamos esta espiral de agravios que ya nos tiene
acostumbrados y que nos ha convertido en enfermos crónicos de espantos. Yonkis
con los ojos apagados e incapaces de dejarnos, esperando el próximo chute de
adrenalina que saldrá de nuestras bocas. Encadenados y matándonos sutilmente en
esta manera deforme e inútil que nadie entiende de decir te quiero.
jueves, 20 de agosto de 2015
Un par de tetas
"-Niña que hoy está de oferta el aceite de girasol a 0,85,
llévate uno al menos!,", me vuelvo a mirar a la cajera que me sonríe
con la boca pintada de rojo malva, es tetona y tiene el pelo graso
decolorado amarillo chillón... no tendrá más de 30 años, la miro con duda y
desconfiadamente, la semana pasada ya me vendieron una piña y la anterior una crema
anti arrugas de caviar que no me atrevo a utilizar, pero sobretodo desconfío
por lo de niña... es un camelo y lo sé, pero es que yo todavía no he aprendido
a decir no a una sonrisa en una boca escandalosa y sobre todo a ese deje
andaluz que me pone de buen humor..
-vale pon me una-respondo susurrando mientras pienso en qué voy a utilizar la botella de girasol .., la chica me vuelve a sonreír, se llama Nerea mira la compra y suelta,
- "-niña tu siempre que vienes te sales cargada...eh! por qué compras tanto?".
yo bajo la mirada y automáticamente empiezo a dar explicaciones sobre el volumen de mi compra, mientras ella escucha mi verborrea asintiendo asombrada a mis sandeces con comprensión. Yo me escucho exasperada conmigo misma y me digo que ya es hora de quitarme esta inseguridad y complejo de rica que no soy, mientras sigo alegando excusas cada vez más inverosímiles.
-vale pon me una-respondo susurrando mientras pienso en qué voy a utilizar la botella de girasol .., la chica me vuelve a sonreír, se llama Nerea mira la compra y suelta,
- "-niña tu siempre que vienes te sales cargada...eh! por qué compras tanto?".
yo bajo la mirada y automáticamente empiezo a dar explicaciones sobre el volumen de mi compra, mientras ella escucha mi verborrea asintiendo asombrada a mis sandeces con comprensión. Yo me escucho exasperada conmigo misma y me digo que ya es hora de quitarme esta inseguridad y complejo de rica que no soy, mientras sigo alegando excusas cada vez más inverosímiles.
-Es que soy de la asociación Amics de la
copla balear, y hay un simposio esta semana en Calviá sobre el origen y
evolución de la copla en las Islas Baleares. Está presentado por Maria del
Pau Janer y Rouco Varela, le suelto a bocajarro y sin pestañear.
La miro a la
expectativa mientras me muerdo el labio y pienso que me he pasado. La chica
sigue sonriendo
-Ah y esa quién es?.
-Es una cantante
copletera sstupenda...le respondo aliviada.
Salgo del super con el carrito a
rebosar, renegando de mi misma y de mi labia. Empieza lo bueno, la
operación bolsas -maltero -carrito tiene su ciencia, porque el
aparcamiento en una inspiración del ingeniero tiene una pendiente de casi
veinte grados. Así que con una mano asgo firmemente el carrito de la compra que
se voltea automáticamente por una ley física que desconozco, y cuyo fin último
es putear a todas las hembras que salimos cargadas con la compra, y/o ahórranos el
levantamiento de pesas en el gimnasio. Con la otra abro el maletero del coche
que para variar está repleto de elementos inservibles, que se acumulan
misteriosamente a la espera, de que por milagro divino encuentre su lugar
en el mundo.
En medio de la operación
carrito-bolsa-maletero empiezo a sudar, varias bolsas se han roto y el carrito
sigue queriendo ejercer su derecho de huída, cuando estoy lidiando con la bolsa
de patatas escucho una voz socarrona detrás de mí que me dice- "niña
que se te va a ir el carrito" - me volteo y veo a Nerea transformada.
Lleva una minifalda azul vaquera, una camiseta de licra blanca tres tallas
menor que evidencia la talla 150 de sus pechos, y unos tacones de vértigo que
por su confianza debe soler llevar. Miro a los tacones fascinada
secretamente con la soltura de su paso, pero que a la vez me produce una
ambivalencia de sentimientos entre la admiración total y el escalofrío... que
dolor pienso. Nerea me hace una mueca con su boca rojo malva, y yo
respondo con una sonrisa agarrotada. Entonces le veo, es Pedro, el hombre
más interesante y guapo del barrio, lleva unos tejanos negros y una camiseta de
Mao Tse-Tung naranja, se acerca a Nerea y le planta ante mi estupefacción un
beso en los morros malvas, Nerea le sonríe y acto seguido le empieza a pegar un
broncón sobre una llamada no devuelta que no llego a comprender. Pedro
inmutable la escucha con la mirada fija en sus tetas.
--Ya
entiendo, Pedro se ha enamorado de Nerea y por eso quiere ponerse una
150.
-Bueno estoy convencida que Nerea no se ha
leído la Insoportable levedad del ser..., he entendido que con esas tetas
tampoco le hace falta doctor.... Yo las quiero igual de grandes y apuntando a
la estrella polar.
- Serán 5.000 y además necesito un escrito de
su psicóloga que Ud no está mentalmente incapacitada.
- Descuentos por familia numerosa Ud
hace?
-No y a
impedidos tampoco
opero.
-Pues
vamos bien.
Caracoles
La tía Trini tiene la mala costumbre de no cerrar la boca
mientras come, pero en casa nadie se atreve a decirle nada. La tía Trini es la
única en la familia que tiene un trabajo honorable como funcionaria de correos
y la única de una familia de ocho hermanos que se sacó el bachiller. Es
soltera, mi madre dice que eso es la demostración última de su grado superior
de inteligencia aunque yo creo que es soltera porque la tía Trini es
inaguantable y más fea que mandar a la abuela a por
droga.
Mi
madre se irrita con suma facilidad cuando escucha cualquier comentario peyorativo
a la figura excelentísima de su hermana mayor, y cualquier alusión que ella
crea que no guarda el debido respeto a su hermana por parte de su marido, se
monta instantáneamente una barahúnda en dónde mi madre acalorada y fiel
defensora de su genética, siempre tiene la última palabra vencedora.-Ella si
que vale, no como tú que no tienes un trabajo decente todavía Paco.- A lo que
mi padre actualmente soldador "con dificultades" no puede
replicar.
Cada tres meses aparece un domingo a comer con la misma marca de
bombones del Carrefour y en mi casa se organiza el mismo camelo hacia esa
figura atormentada con odio manifiesto hacia toda la humanidad que incluye a mi
hermano Juan, a mi padre y a mí. Mi madre no se desanima nunca hacia las
continuas muecas y desaires que nos hace la tía Trini, que si estamos demasiado
gordos, que si mi padre -Ya te lo dije Carmen- no vale para nada, mientras
mi madre la escucha embelesada dándole la razón en todo lo que esa mujer
de inteligencia singular y mundología le recrimina, mientras el resto de la
familia se dedica a zamparse los bombones de dos en dos con la finalidad
inconsciente que la visita termine lo más pronto
posible.
Mi
madre siempre prepara el mismo menú, caracoles, que mi tía Trini
dice que es el mejor plato que mi madre cocina mientras habla sin parar durante
toda la comida. Mi hermano Juan y yo nos sentamos en frente de ella en la
mesa. Yo siempre he procurado no mirar nunca como la tía Trini come con una
ansia devoradora y con la boca abierta esos moluscos gasterópodos, pero
ese día miré. Mi tía Trini había cogido un invertebrado de gran tamaño,
tenía la mirada codiciosa y una babilla de color marrón le caía por
la comisura de la boca. Sacó con la pinza el caracol de su concha y abriendo el
paladar aplastó el molusco con tan gran afán que parte de su
jugos me salpicaron en el ojo izquierdo. Yo no pude seguir comiendo los
caracoles totalmente paralizada, mirando aturdida esa boca que se abría y
cerraba troceando y despedazando a la víctima, que desapareció en la boca
golosa de mi tía Trini. Acabado el difunto mi tía alzó la concha y la
acercó a la boca, transformada ahora en un potente aspirador, y comenzó a
succionar con tan fuerte ímpetu y brío, que produjo un ruido perturbador
semejante al que engendra un grillo atormentado. Creo que me puse más
verde que Fiona y desde ese día no he podido jamás volver a comer caracoles o
cualquier tipo de carne...;
- Vale vale, ya lo he entendido. Vamos al
Japonés a cenar.
-Pues vale
Largo camino a Itaca
Harta estoy de ver cómo me ahogo, y me pregunto cuándo
terminará este animal herido de dar patadas, arrastrada por la rabia del
desengaño, que tú o yo pintábamos día a día, cuando el ocaso llegaba sin
ninguna premura y sin tardanza a nuestra cama . O acaso fui sólo yo, y esta
larga cicatriz que recorre hoy mi rostro, es la misma cara que puncé con el
cuchillo, por obstinarme en estas ruinas que se ha convertido una
historia, en la que nunca hubo ningún cimiento. O quizá es lo que soy, un
animal perpetuo, provocado por esta droga que es sentir, que araña el corazón y
revive el pensarte tanto y anhelar tenerte a pesar de que ya no te quiero, que
se retuerce en la dicotomía que existe entre el olvido terminante y la
necesidad de verte. Este animal obstinado que se arrastra en un ayer maldito
que nunca existió, porque disfruta y se recrea en empaparse de este fango.
Pero es que en estos días perlados de otoño, me recome el
silencio que se apodera de las cortinas y de la luz de la mañana en esta
habitación cargada de nicotina, mientras fuera el viento azota y desmiembra
sin piedad la persiana de mi cuarto. El ayer se revuelve y explota bajo
el humo blanco que exhala mi pecho y me mata, como ese recuerdo de esos días
somnolientos, dónde los cigarrillos y colillas nos recordaban el paso del
tiempo y contaban las horas, mientras tú y yo nos acurrucábamos bajo el edredón
en la que nos entregábamos por fin, lejos de esos trajes decadentes y
asfixiados que llevábamos, tú por no darte y yo por no irme. Me pierde el
recuerdo de la cadencia animal de tu voz, de tus largos dedos de sal, de tus
manos que dibujaban en servilletas roídas nuevas cadenas a las que me ataba el
magnetismo de tu ser. Las discusiones sobre Kant, palabras para sembrar la duda
sobre la vía hacia el olvido que demostraba tu inmenso ego y tu
enorme egoísmo.
Pero el camino sólo había una única salida, la que me
señalabas siempre, sin mentirme. Y con una patada me dejaste en este lodo sin
ninguna posibilidad de aferrarme a ningún recuerdo, recuerdos que te
empeñaste en destruir a base de decepciones continuas, para que no te impidieran
la huida. Y me quedé en los huesos y me explotaron las vísceras de tanta angustia,
melancolía y dolor que tomó tu ausencia, aferrada a un quebranto injusto para
salvar mi ego. Y se me fue la risa, las ganas de comer y de dormir envuelta en
lexatines mirando el despertar de las madrugadas de un final esperado.
Pero poco a poco, me cansé de llorarte y la angustia que me
ahogaba los pulmones y enmarañaba mi conciencia, se fue disipando a
base decepciones, cuando me mostrabas impúdicamente y sin ningún
complejo la indiferencia de tu alma. Decidí que no soportaba las amargas
migajas que me prestabas un miércoles por la tarde, cuándo me utilizabas para
intentar reconstruirte en otra historia con poco sentido. Y me
rebelé con esta debilidad que me roe y enternece cuando veo el miopismo de tus
palabras. Reconstruí mi barco y me convertí en sirena, en odine, mientras ataba
a la mayor sin saberlo, un náufrago que esperaba sin descanso, un nuevo guiño
de mis ojos. Acuartelé la vela, adujé los cabos y esperé al viento. Tuve miedo
lo reconozco, ya que me sellaste en un hueco un poco de tu alma. Esa coraza de
hielo que rodea mi garganta, y ese sentimiento de querer sentirme viva.
Reconozco ahora que eras parte del camino de esta larga travesía
a Itaca. En este silencio cobarde o inteligente que me refugio izo al fin las
velas. No eres tú el culpable de mi infierno. Polifemo en otra isla espera.
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